Por. - César Adrián Castro Aguilar
En política hay discursos que se olvidan al día siguiente y otros que terminan convirtiéndose en la mejor herramienta para medir resultados. La seguridad pertenece a este último grupo. No basta con decir que un estado es seguro; hay que demostrarlo todos los días, con hechos, coordinación y, sobre todo, con la confianza de quienes deciden invertir su patrimonio.
Las declaraciones del gobernador Esteban Villegas sobre la
coordinación entre las corporaciones estatales, el Ejército Mexicano y la
Guardia Nacional llegan en un momento en que Durango enfrenta uno de los retos
más importantes de su historia reciente: consolidar un nuevo ciclo de
desarrollo económico. Y para lograrlo existe una condición indispensable: la
paz.
No es casualidad que las grandes inversiones pongan primero
la lupa sobre los indicadores de seguridad antes de colocar la primera piedra.
Ningún empresario multimillonario apuesta cientos o miles de millones de
dólares donde imperan la incertidumbre, el desorden o la ausencia de autoridad.
El capital siempre busca estabilidad, y Durango parece estar enviando ese
mensaje.
Mientras en otras entidades las portadas nacionales se
llenan de bloqueos, enfrentamientos y hechos violentos que ahuyentan
inversiones, en Durango la conversación gira hacia nuevos proyectos
industriales, generación de empleos y crecimiento económico. Esa diferencia no
ocurre por casualidad; es consecuencia de una estrategia que, al menos hasta
ahora, ha privilegiado la coordinación institucional por encima de la confrontación
política.
La presencia de elementos del Ejército y de la Guardia
Nacional no debe interpretarse como un síntoma de crisis, sino como una
decisión preventiva. La seguridad moderna no consiste únicamente en reaccionar
cuando ocurre un problema; consiste en impedir que ocurra. Ese es el verdadero
desafío para cualquier gobierno.
Sin embargo, mantener esa confianza exige algo más que
operativos y patrullajes. También requiere transparencia, combate frontal a la
corrupción y una vigilancia permanente sobre quienes portan un uniforme. En ese
sentido, el mensaje del gobernador al advertir que no habrá tolerancia para
ningún servidor público que traicione la ley resulta oportuno. La ciudadanía
espera que esa postura se traduzca en acciones concretas y no solamente en
buenos discursos.
La apuesta por reforzar la seguridad en la carretera
Durango-Mazatlán también refleja una visión estratégica. Hoy esa vía ya no es
únicamente un corredor turístico; se ha convertido en una arteria económica por
donde circularán insumos, maquinaria y mercancías que acompañarán el
crecimiento industrial de la entidad. Proteger esa ruta significa proteger
inversiones, empleos y oportunidades para miles de familias.
En política, la mejor propaganda no son los espectaculares
ni los discursos, sino los resultados. Si Durango continúa apareciendo como un
estado donde existe gobernabilidad, coordinación entre instituciones y
condiciones para hacer negocios, la narrativa comenzará a construirse sola.
Porque al final del día, la seguridad no solamente
tranquiliza a las familias. También abre fábricas, genera empleos, mueve la
economía y fortalece la confianza en las instituciones. Y en los tiempos que
vive México, esa puede ser la inversión más valiosa que un estado puede
ofrecer.
#LaHistoriaSigue

0 Comentarios